En este momento estás viendo Seguridad ciclista por capas: lo que previene… y lo que prueba

Seguridad ciclista por capas: lo que previene… y lo que prueba

La seguridad ciclista no empieza en el último dispositivo tecnológico: empieza en ti. Empieza en tus decisiones (ruta, horarios, colocación en el carril, atención al tráfico…) y se refuerza con tecnología, pero nunca al revés.

Yo lo explico con una idea simple: seguridad por capas. Algunas capas intentan evitar el susto. Otras te dan información para anticiparte. Y hay una última que casi nadie quiere necesitar… pero que cuando hace falta, marca la diferencia: la capa que deja constancia y permite pedir responsabilidades.

1) Las cuatro capas (y por qué importan)

Para ordenar el debate, separo la seguridad en cuatro tipos:

  • Preventiva: reduce la probabilidad de conflicto antes de que exista (te ven antes, se lo piensan antes, te “leen” mejor).
  • Activa: te da información útil para decidir (qué viene, cómo viene, con qué margen cuentas).
  • Pasiva: mejora tu visibilidad o reduce daño, pero no cambia automáticamente la conducta del que conduce.
  • Reactiva/probatoria: no evita el incidente, pero lo documenta (y eso cambia el “después”).

Ojo: esto no es un ranking. Es un sistema. Lo preventivo es oro cuando funciona, pero lo probatorio es lo que evita que lo grave quede en nada.

2) Tecnología preventiva: que te “vean” antes de verte

Aquí es donde encaja una app como Beloo. La idea es potente: añadir una “visibilidad digital” para que el conductor reciba el aviso de que hay un ciclista cerca a través de plataformas de navegación y sistemas integrados del vehículo, incluso antes de tenerte a la vista (o de tenerte bien ubicado en la cabeza).

¿Va a evitar todos los adelantamientos peligrosos? No. Ninguna herramienta lo hace. Pero si el aviso llega en el momento adecuado, puede cortar de raíz el típico “no te vi” o “apareciste de repente”, que en carretera se traduce en segundos de reacción… y esos segundos son vida.

A mí, Beloo me gusta por lo que representa: intentar mover la seguridad antes del conflicto, no después. En carretera (y en esos enlaces inevitables si haces MTB o gravel y necesitas tramos de asfalto para llegar a pistas o sendas), esa capa preventiva tiene mucho sentido.

3) Tecnología activa: información para decidir (sin vender humo)

El radar trasero juega en seguridad activa: no cambia al conductor, pero te informa a ti. Y esa diferencia es clave porque te da margen para tomar decisiones: reforzar tu posición, evitar una maniobra en mal momento, prepararte para un adelantamiento, o simplemente estar mentalmente listo.

En este artículo menciono el Garmin Varia RearVue 820, presentado como un radar con luz trasera dentro de esta familia de productos. Y aquí voy a ser muy claro: yo no lo he probado. Así que no puedo hablar de “mi experiencia” ni convertirlo en recomendación cerrada.

Lo que sí puedo decir (y esto es importante) es que el radar, bien entendido, no es un amuleto. Es un sensor. Si tú esperas que el sensor “eduque” a quien adelanta mal, te vas a frustrar. Si lo usas como información para tomar decisiones con más margen, suma.

4) La capa incómoda (y más transformadora): cámaras

Las cámaras no previenen el adelantamiento peligroso en el momento. Y, aun así, yo las considero una de las piezas más valiosas de mi seguridad en carretera.

¿Por qué? Por dos motivos muy simples.

El primero: tranquilidad. Sobre todo cuando salgo solo, me aporta seguridad saber que, si pasa algo, quedará constancia. Yo lo comparo con el seguro del coche: no te evita el accidente, pero si ocurre, estás cubierto. No por “sensaciones” ni por “me parece”, sino por hechos grabados.

El segundo: responsabilidad. Porque hay situaciones que no son un despiste: son una decisión. Y si las decisiones peligrosas no tienen consecuencias, se repiten.

Y aquí viene una historia real. En una subida saliendo de Archena, un BMW me adelantó rozando, sin aminorar, teniendo un carril completo libre en el mismo sentido para adelantar con margen. No fue “apurar un poquito”: fue innecesario y fue grave. Precisamente por eso, esa denuncia la envié directamente a la DGT: quería hacerle un seguimiento más directo, por la gravedad del incidente.

Sí: denunciar lleva tiempo. Hay que revisar clips, localizar el momento, guardar el fragmento, redactar, adjuntar… Es trabajo. Pero a mí me compensa por una razón muy concreta: igual que me ha pasado a mí, le puede pasar a cualquier otro ciclista cualquier día. Y creo que hay una obligación moral de denunciar lo grave, porque no se trata solo de “mi salida”; se trata de que ese conductor no repita con el siguiente.

Además de la vía directa, muchas otras denuncias las he canalizado mediante la plataforma de denuncia voluntaria de la Fundación Ado Moure. En mi caso, es una forma práctica de dar salida a casos que merecen respuesta y no quedarse en el “qué rabia”.

5) Por qué la prueba importa (cuando lo preventivo no basta)

Aquí está la clave: no todo se puede prevenir. Y cuando no se puede, la diferencia entre “no pasó nada” y “alguien responde” suele ser la prueba.

​Cuando alguien ve las cámaras en mi bici, casi siempre me hace las mismas preguntas: “¿realmente sirve para algo?” y “¿prosperan las denuncias?”. Mi respuesta es que sí sirve, y no solo como efecto disuasorio: sirve como prueba objetiva cuando hay una maniobra peligrosa y tú decides no dejarlo pasar. En mi último caso —el del BMW que me adelantó rozando en una subida saliendo de Archena— me consta que prosperó: la Sección de Sanciones de la Dirección Provincial de Tráfico de Murcia se interesó por el expediente y me pidió información adicional para seguir adelante con la denuncia y la posterior sanción. Para mí, esa petición es una señal buenísima, porque demuestra que el sistema funciona cuando aportas pruebas claras y haces las cosas bien. Y aunque solo fuera por algo “tan simple” como que al infractor le llegue la notificación, muy probablemente la próxima vez que vea a un ciclista se lo pensará dos veces y adelantará con más margen (y eso ya es seguridad preventiva a futuro). Casos de condenas basadas en vídeo aportado por ciclistas en adelantamientos peligrosos refuerzan justo esta idea: cuando hay prueba, hay recorrido y hay consecuencias.

Es decir: la cámara no evita el adelantamiento, pero puede ayudar a que ese adelantamiento tenga consecuencias. Y eso, a medio plazo, cambia comportamientos.

Cierre: mi equilibrio personal

Yo no soy anti-radar ni anti-app. Al revés: me interesa todo lo que sume. Lo preventivo es importante y puede salvar vidas, y lo activo te da margen para decidir mejor.

Pero si me pides que incline la balanza, la inclino hacia las cámaras. No porque sean “la solución”, sino porque son la capa que entra en juego cuando todo lo demás falla. Y en carretera, a veces falla.

Deja una respuesta