Hace un tiempo que no escribía aquí. No ha sido por falta de ganas, sino porque he estado centrado en algo que me apasiona desde siempre: entrenar, competir, disfrutar del ciclismo, ese refugio que tantas veces me ayuda a pensar y poner las ideas en orden.
Hace unos años, un compañero de trabajo me dijo una frase que se me quedó grabada: “Javier, no se trata de lo que tú sepas, sino de lo que compartas.”
Me pareció brillante entonces, y con el paso del tiempo me ha parecido aún más cierta. Compartir no es solo contar lo que sabes; es abrir conversación, provocar reflexión y, muchas veces, aprender más de lo que enseñas.
Por eso retomo este blog. No para dar lecciones, sino para compartir esas pequeñas píldoras que voy acumulando en mi día a día: aprendizajes, descubrimientos, errores y aciertos. También, para detenerme un momento a reflexionar sobre los temas que tengo cerca —la educación, la gestión pública, la tecnología, la economía— y, por supuesto, el ciclismo, ese hilo conductor que me acompaña desde los 16 años.
Creo que escribiré bastante sobre esto último, no solo desde la pasión del deportista, sino desde el interés de unir tradición y tecnología, de entender cómo las herramientas nuevas pueden mejorar la seguridad, la planificación y la experiencia de quienes salimos a pedalear.
¿A quién le interesará todo esto? No lo sé. Tampoco me preocupa demasiado. Si a alguien le sirve, le inspira o simplemente le resulta curioso, ya habrá merecido la pena.
Yo, por mi parte, seguiré compartiendo. Al fin y al cabo, como dijo aquel compañero, no se trata de lo que sé, sino de lo que comparto.